La eBoda de mi mejor Amiga


Entre eructos y exabruptos tuvo lugar, el otro día, la eboda de Luna y Amnarod.


Esta lunática amiga se preocupó por avisar con antelación a sus damas de honor para que no faltaran al evento. A Lantanique la pilló totalmente hundida por circunstancias que no vienen al caso y que pondrían una nota gris en esta crónica rosa, desluciendo el protagonismo de la feliz ecasada.  A pesar de la tristeza y desolación, aceptó gustosa la invitación tratando de asumir los malentendidos que se habían desatado por palabras dichas y no dichas en ese extraño eMundo.


Con los nuevos cambios en las entradas de mensajería flotante del localizador, Lantanique estuvo a punto de perderse la ceremonia. No recordaba donde dejó la invitación y al ir a buscar los gritos de aviso de su eamiga, se despistaba con tanto comentario de los amigos de otros amigos, que no precisamente eran sus amigos… 


El  nuevo sistema “citizen feeds” tiene una etiqueta muy glamurosa pero totalmente ineficaz ya que se hace complicado rebuscar entre los gritos antiguos los de los propios econocidos. ¿No será acaso una nueva estrategia para, con el tiempo, acabar introduciendo un sistema  pay-per-view entre quienes quieran tener acceso a los gritos antiguos?


Un poco antes del evento, Luna se reunió con ella y sus otras dos damas de honor (Serket y Skaycita) para ultimar todos los detalles.



Con los nervios, una de sus larguísimas uñas de porcelana se enganchó en el delicado brocado que adornaba el escote “palabra de honor” del vestido que tan orgullosa lucía y  algunos hilitos quedaron colgando a la altura de uno de sus pezones. 




Para calmar el ataque de nervios que causó en Luna esa insignificancia, Lantanique decidió cortarlos con sus propios dientes  y comprobó con estupor que ese pezón tenía vida propia nada más notar la cercanía de su aliento… cosa que demuestra que Luna no está operada, pues un pecho siliconado siempre muestra el mismo aspecto, y no se excita por un ligero rozamiento.


Los asistentes fueron llegando al canal de reunión de tal forma que, más que una ceremonia nupcial, aquello parecía una huelga general. 


La fauna allí presente era de lo más variopinta, a cual más troll, y entre los abrazos y saludos se escuchaba a Sablemortal vociferar un “tú eres míiiiiaaa” mientras intentaba encontrar sitio junto a Lantanique que, en un primer momento, estaba sola y callada observando la situación.

Otros, debido al desconcierto de Luna y de algunos invitados por la tardanza del enovio, aprovecharon para abrir privados a las jóvenes ecasaderas que se hallaban en el lugar, despistando así el control de sus emujeres, con mensajitos tipo “¿nosotros hemos hecho alguna vez el amor?” 


No estaban todos los que tenían que estar pero sí algunos a los que no esperaba encontrar  -quizás porque iban disfrazados como lo iba él-. Se le acercó por detrás y la apretó contra sí por la cintura: “Lantanique estoy aquí”




La sensación cálida de sus labios en el cuello y los brazos que la sujetaban contra él para no perderla entre tanto invitado desbocado la hicieron girar un poco la cabeza para verlo. No entendió por qué quiso presentarse así disfrazado pero prefirió tenerlo a su lado como Halesios, a no tenerlo y seguir sola.


La ceremonia se realizó con muchas dificultades. Al grito de “si me queréis, irse”-que pronunciaba Luna desesperada porque no acababan de ecasarla- salían despedidos del canal un grupo de invitados, que volvían a entrar clicando como locos en sus teclados. En varias de esas ocasiones su Halesios desapareció del canal, haciendo que Lantanique se desesperara, mientras notaba las manos de Sablemortal en su trasero diciéndole que la odiaba por haberse presentado con otro.


Sin darse ni cuenta todo se precipitó y de golpe Serket le vino a entregar a Lantanique el ramo que lanzó Luna. 
No era la primera vez que se lo ofrecían: en la eboda de Reiak y Picias también se lo tiraron, pero quien acompañaba a Lantanique en aquella ocasión lo esquivó desplazándolo con una patada bajo una de las mesas. 
Esta vez, sin embargo, su Halesios la animó a cogerlo y Lantanique, atolondrada por la situación y por la gente que a su alrededor la miraba, agarró algo que resultó ser, por lo que dijo uno allí, no el ramo sino su rabo, llevándose a continuación un bofetón lantánico y una patada halésica por la estupidez del comentario.


Se fue del canal de la mano de aquel disfrazado de Halesios quien, viendo el panorama, decidió alejarla de todo aquello que no tenía nada que ver con la Lantanique que él conoció.  


Por el camino se dio cuenta  que no había  tenido ocasión de hablar con Luna para darle la enhorabuena. Ni siquiera había llegado a saludar al enovio. “Ojalá no deje de hablarme como todos esos pocos que se han ecasado…” – pensaba, mientras descubría que con tanto jaleo tampoco había llegado a entregarle el regalo que había elegido para ella. 




Se lo enviaré por localizador para que lo coloque en su pantalla y así no ande despistada preguntándome ¿qué hora es ahí Lantanique?. Aunque me gusta que me lo pregunte.

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