El eAmigo Invisible

El Sumo Hacedor  y sus admins trabajan diariamente para hacer un eMundo mejor. Las modificaciones en los módulos que han creado pretenden optimizar la calidad de evida de los ehabitantes. Piensan que actualizando y cambiando esos aspectos, relativos sólo a unas cuantas necesidades físicas (comer, trabajar y luchar – tanto en  el campo de batalla como en los ambientes políticos), los eciudadanos se sienten satisfechos y felices, como si de animalitos de un zoo virtual se tratase. Al fin y al cabo cada uno de ellos tiene un periodo de vida útil: nacer, cliquear y morir. Algunos incluso han llegado al estado de reproducción por  multicuentas, pero ésta es una posibilidad al margen de la eLey y no diré  quienes son para no crear alarma social.




Halesios se siente orgulloso de  su obra y más todavía viendo cómo su bolsillo se le queda cada día más pequeño gracias a la insensatez de aquellos que pagan por evivir allí.




Sin embargo, Halesios no ha pensado en otras necesidades de carácter más humano e innatas en esos eciudadanos que conforman este microcosmos virtual.  Así nos encontramos que todos adolecen del mismo problema: ansiedad provocada por estados carenciales a nivel anímico. Y se entiende que muchos hayan buscado escape a esas carencias de carácter mental por medio de canales paralelos donde no hay ni represión verbal ni otros condicionantes que coarten sus libertades.


A pesar de que en este eMundo no hay cambios de estación, sus ehabitantes sufren alteraciones emocionales: astenia primaveral, euforia veraniega, languidez otoñal y frialdad hibernal.  En determinados momentos de su existencia, sienten la necesidad apremiante de abrirse a la fraternidad, de hacerse notar aun a costa de ponerse a parir en los canales donde se reúnen ¿Con qué finalidad? ¿Mostrar hasta qué punto es compatible el eodio y el eamor?  ¿Canalizar verbalmente esa falta de econtacto físico tan necesario?




Lantanique ha estado recibiendo mensajes y regalos de un ser invisible que intenta atraer su atención. Con una delicadeza que roza la sensiblería femenina, esos mensajes tratan de abrirse paso por algún resquicio de su ecorazón con la intención de enquistarse hasta robárselo por completo, igual que dice que hizo ella no se sabe cuándo ni cómo ni por qué.


"-tienes mi corazón y si tu mueres mi corazón muere contigo, y por lo tanto muero yo.
-yo tengo tu ecorazón? y en qué momento me lo diste?
-me lo robaste sin darte cuenta  y ahora no puedo evivir sin tí"




La curiosidad -ese comportamiento enfermizo para el que no hay correctivo que valga a pesar de los palos que puede llegar a dar-, cogió de la mano a Lantanique y la acostumbró a asomarse compulsivamente a ese otro lado outgame del eMundo donde vive el cotilleo. Su único objetivo: averiguar más sobre aquél que decía contar los días desde que la contactó y que, para sorprenderla, le ha regalado la enorme casa,  amueblada y con servicio incluido, en la que se siente sola y perdida.




                                    
1,2,3.
Una por cada dia que haz estado en mi eMente.










Sentir la magia de lo misterioso es tan complaciente como engañoso. El amigo invisible, se cuela cada noche en esa casa, se acurruca al lado de Lantanique  -“duerme rico mi amor”-  le va diciendo mientras sus manos acompañan ese sueño paseándose por su mejilla, su pelo, sus hombros, el arco que dibuja su espalda. Con mucho cuidado la gira hacia él y siguiendo el ritmo de su respiración la recorre con la boca, tímidamente al principio, ávidamente al final.


Cuando Lantanique despierta esa magia se convierte en desolación. No está en la habitación 133. Ni él está a su lado.


En el localizador escribe en letras mayúsculas a modo de grito:











La Perdimos de Vista


The Power
La perdí de vista entre el humo, el bullicio y los cuerpos bamboleantes de los que llenaban el local.
No me habría dolido verla acompañada de su ejefe, porque sé de la relación cordial que les une, pero verla llegar del brazo de aquel eciudadano, precisamente aquél, me dejó paralizado. El mensajero sólo tenía que haberle dado el recado y marchar, no quedarse con ella.
Los observé de lejos y la ira del primer momento se fue apaciguando al descubrir que el  mensajero la dejaba olvidada en un rincón mientras él charlaba y se regodeaba, todo vanidoso, con los piropos y arrumacos de unas eamigas que allí encontró.
Respiraba aliviado pensando que un elemento así no debería suponer ningún peligro puesto que ella no le concedería jamás su atención. Y mientras construía en mi mente toda una teoría sobre las nulas posibilidades entre él y ella, la busqué en aquel rincón para ir a su encuentro y llevarla conmigo, pero ya no estaba.
Su pequeña figura se movía rápida hacia la salida y aunque reaccioné en cuestión de segundos, los cuerpos bamboleantes no me dejaban alcanzarla. Cuando salí al exterior ya era tarde. Las luces de un taxi se alejaban de allí, posiblemente con ella dentro.




Estaba lloviznando y el localizador con la humedad no funciona bien. 
Ahora, en mi habitación 133, espero igual que esperé en otra ocasión, y me duermo con la incertidumbre y el anhelo de que llame a mi puerta.






La perdí de vista entre el humo y el vidrio borroso de mi cubata.
Entré en aquel local por casualidad, yo normalmente voy de copas al bar del #SI. 
Mientras me servían mi consumición la ví llegar cogida del brazo de un tipo, como si necesitara protegerse de las miradas vidriosas de los allí presentes.
Su imagen se me figuraba desnuda y me dieron ganas de ir hacia ella y cobijarla bajo mi casaca de militar, oscura y apestosa por el sudor y la metralla. Me contuve y me la quedé mirando, allí en un rincón, esperando no sabía el qué. Puede que esperándome a mí. 
De qué me servía mirarla si ella no sabía ni que yo existía. 
Sin pensarlo demasiado cogí mi localizador y me puse a escribir un mensaje y luego otro y luego otro más con frases y palabras que me habría gustado decirle con mi propia voz.


"Hola quiero ser tu eAmigo y queria saber de tu vida,  quisiera saber lo que piensas y lo que sientes, y poder compartir con alguien diferente a los que conozco la experiencia de esta evida.    jajaja, disculpame, pero no me econoces todavia, esperemos a ver si resulto ser un emafioso, o un easesino, con el tiempo lo sabras, y tal ves te sorprendas y descubras que soy muy edulce...me intriga de una forma muy intrigante, y solo me te imagino, por tus relatos, que han llegado a lo profundo de mi eCorazon dejandome atontado y conmocionadoo, no soy de los que se expresan muy seguido, pero cuando lo hago es porque eCorazon ya no soporta las ganas de ser escuchado,
yo solo quiero un beso lantánico"


Cuando los envié, levanté la vista  pero ya había desaparecido. Quizás esperaba a otro y se fue con él. 


Ahora,  mientras aguardo en esta trinchera para entrar en acción, aprovecho y le envió una rosa virtual, a ver si las espinas de su corazón caen reblandecidas por mis palabras y me deja acercarme la próxima vez.






La perdí de vista entre el humo y los sinuosos cuerpos de aquellas dos preciosidades que me envolvieron cálidamente bajo sus miradas y abrazos. 




Sus turgentes pechotes despistaron por completo mi atención y no sé qué hizo ella, ni adónde fue  ni si se fue sola o acompañada. Hubo un instante que la ví tras la silueta de un tipo con una capucha pero yo estaba tan liado tocando y dejándome tocar que, sinceramente, me olvidé de su presencia. 


Aquellas preciosidades al rato se sintieron atraídas como un imán por otro eciudadano y entonces, cuando me dejaron solo entre el bullicio, fue cuando la eché de menos. 






La perdí de vista pero sólo un instante, sólo cuando cruzó el umbral de la puerta para desaparecer tras ella. 
A pesar del humo y de la gente que nos rodeaba, yo  fui hacia ella y le hablé. La tuve a escasos centímetros, percibí el olor que desprendía su cuerpo y también el de su aliento, ya que estaba masticando una hojita de menta del mojito que llevaba entre sus manos. 
Mis ojos vieron cómo me dio la espalda en cuanto me callé, quizás porque ella percibió la humedad de sus bragas tras escuchar mis palabras y la dureza de mi miembro al decírselas. 
La presión en la entrepierna me impidió moverme pero no me impidió seguirla con la mirada. Su cuerpo, con un vestido morado corto y  botas altas negras, se abrió paso entre la muchedumbre. Y me quedé con la imagen recurrente en mis pupilas de sus piernas liberadas de esas botas y mis manos recorriéndolas. 




Pero, no la seguí. Mis emujeres no me lo habrían permitido. Me guardé las ganas para otra ocasión.




La perdí de vista mientras buscaba en el bolsillo de mi pantalón un pañuelo para secarme el líquido del vaso, casi lleno, del mojito que me había vertido por todo el cuello y la chaqueta.
No fue toda la culpa suya que yo acabara mojado. Fui yo quien se cruzó en su camino y chocamos de lado. Ella me miró a los ojos y sentí que me reconocía. Hizo amago de decir algo pero no se detuvo.
En mi cuello quedó un ligero aroma a menta y limón así que cuando llegué a mi echoza ni siquiera me lo lavé. Me tumbé en mi cama y con ese aroma me adormecí, soñando como hacía tiempo no soñaba. Y vi nuestros cuerpos entrelazados en un baño de espuma del que no quería despertar. La bañera se transformaba en un río y el río era todo nuestro.




La perdimos de vista y respiramos tranquilas cuando la vimos salir.


Lo siento amo, yo también La perdí de vista. – Le dijo el pollo sin cabeza a Halesios - pero se subió a un taxi. Cuando deje de llover la podremos localizar.






Sin Noticias de Vok




El localizador de Lantanique está cargado de mensajes. Su culito ha pasado a formar parte de la fría piedra sobre la que está sentada y ya no lo nota de lo congelado que lo tiene. Ha leído varias veces el mensaje de su ejefe  que la hace sonreír




Es cierto que su inventario está más lleno que cuando se fue así que repasa todos los objetos con los que ahora cuenta: billetes para viajar, panes, pistolas, …


Avisos y cartas, saludos y despedidas que no le da tiempo a leer porque nota la presencia de un tipo a su lado. Mira hacia arriba y ve que trae la pecera en sus manos. Con una leve sonrisa la saluda y se sienta a su lado:  - Hola Lantanique.


Este mensajero ha decidido no cumplir las instrucciones tal y como se las dieron. Ha decidido que sólo le entregará la pecera y se ofrecerá a hacerle compañía pero no le hará ninguna referencia a Vok.  “Las oportunidades las pintan calvas” - se dice a sí mismo -  y ella siempre se le mostró tan distante que tenerla ahora a su lado le abriga la esperanza de conocerla de otra manera. 


Lantanique echa un vistazo a su pecera. Su semblante palidece cuando descubre que algunos de sus ejemplares han dejado de existir. Empieza a revisar todos y cada uno de ellos y las lágrimas comienzan a  deslizarse por sus mejillas al descubrir sin evida a uno de los más preciados. 


Nuestro mensajero aprovecha la situación para consolarla. Envolverla en un abrazo le devuelve las ganas de no dejarse emorir él también, porque últimamente se siente otro pez más abandonado en la pecera.




Le explica que los eciudadanos van y vienen; que eso le pasa por limitarse a ese eMundo pero que si fuera menos distante descubriría un mundo paralelo, el de los foros, los chats... donde los eciudadanos mantienen otros vínculos. 


Las lágrimas de Lantanique, además de mostrar la pena por esa pérdida, esconden un gran alivio: el preciado ejemplar inerte no es Vok. 




Ahora comprende el porqué de tantos objetos en su inventario y descubre que incluso es rica. El zoquete, aquel eamigo impresentable que la introdujo allí hace ya cerca de un año, se lo había traspasado todo en el último momento, cuando ya sintió que se iba definitivamente: “Ahí te quedas con todo y con todos. Que lo disfrutes con ellos. El daño está hecho así que me voy


Para retenerla a su lado, nuestro mensajero la invita a cenar: - “¿Te gusta la comida griega? 
Lantanique asiente mirándolo fijamente, igual que cuando de pequeña le preguntaban si le gustaban las cerezas. Y pulsando el botón de salir de menú, cierra el localizador, por lo que no lee el mensaje de Vok:




Durante la cena el mensajero se muestra amable. No le gustaría que Lantanique descifrara en sus palabras segundas intenciones, sin embargo la manera con la que ella chupa  un trocito de pan pita mojado en salsa tzatziki despierta en él un deseo carnal que contiene a duras penas. 


“Quédate conmigo, hazme compañía, no me dejes solo ni de noche ni de día"- Eso me gustaría decirte, Lantanique, pero no soy capaz. Lo mismo te burlarías-.




Como agradecimiento por la cena, Lantanique lo invita a tomar algo en el Antro. 
Esta noche la eciudad está animada. Los garitos están llenos, quizás por la euforia de las elecciones o quizás por la inquietud de los rumores que corren por ahí de que eMundo se acaba…
Dentro del Antro hay una mezcla de avatares conocidos. Él se pide algo sin alcohol, para ella pide un mojito bien cargado (si bebe, no controla).


Un tipo, disfrazado de pirata con parche incluido, se dirige a Lantanique y le arrebata el mojito:  - “What’s up my weapon?” Dame un traguito mi arma, que voy zeco”-
Lo del parche es sólo para disimular, no es tuerto, así mira lo que le interesa.


Al fondo ve a otro eciudadano rodeado de recién llegados al eMundo, ávidos de información: 
“¿Cómo se vota? – preguntan todos a la vez.
“Boing… boing…”- les grita Lantanique que ya nota el efecto en sangre del mojito.


La mano de un tipo camuflado con una peluca a lo afro la sujeta del brazo enseñándole una camiseta. “Gracias, pero no me gusta el diseño” - le contesta Lantanique arrastrando un poquito las sílabas. Sin soltarla del brazo se acerca más a ella para decirle que a sus agentes femeninas les regala un traje de cuero negro y que tiene uno de su talla para cuando ella entregue su solicitud.


Lantanique busca entre la gente al mensajero y lo descubre charlando con dos mujeres. A medida que se aproxima reconoce en ellas a Luna y Skaycita que van del brazo de un tipo extraño (no le distingue bien la cara porque lleva una capucha). Están emocionadas con el mensajero, a quien no paran de decirle lo guapo que lo encuentran.
El tipo de la capucha va hacia Lantanique, le ofrece otra bebida y sin más preámbulos le suelta: “Dicen que el eMundo se acaba. ¿Qué prefieres que te acaricie la entrepierna y te revuelva las bragas o directamente te levanto, te las arranco y te follo?"


Lantanique gira en redondo al oír estas palabras, y como va un poco mareada vuelca la bebida sobre un eciudadano que tiene allí a su lado. Quiere pedirle disculpas, pero no le salen las palabras.


Se va sola del Antro y sin noticias de Vok.















eVidas Cruzadas


Si no fuera por los cuatro billetes de Zona1 que le mandó su exjefe para que consiguiera salir de aquella eciudad tomada por los ebrasileños, Lantanique habría tenido que permanecer en aquel cuartuco oscuro, acompañada de esa bella pero rara eciudadana, o se habría tenido que hacer ebrasileña, luciendo el estupendo traje nacional 




La verdad es que el “favélico” ebrasileño que las retenía las complacía en todos los sentidos por lo que, en más de una ocasión, sopesaron la posibilidad de engatusarlo para que les buscara un pisito y compartirlo, como buenas eamigas, olvidándose de eEspaña y sus eciudadanos. 


Luna se sentía extasiada cuando aquel cuerpo moreno, exótico y sensual, iniciaba el recorrido por su piel utilizando todos los recursos disponibles, boca, lengua, manos… simples accesorios que acompañaban a un miembro descomunal, por lo que su voluntad menguaba a cuartos hasta que alcanzaba a ser luna llena tras un largo rato de dedicación. 




Lantanique  estaba maravillada de la facilidad con la que su compañera de celda y camastro conseguía ciertas cosas, arrastrándola a ella también a un desenfreno carnal que sólo tenía explicación si creemos en eso de que hay que aprovechar todas las experiencias que te ofrece la eVida… porque al final “epolvo somos y en epolvo nos convertiremos”.




Viéndola en paños menores, resultaba muy difícil asegurar que aquella figura femenina pudiera ser la sombra de aquel pobre tipo que se electrocutó llamando al timbre de casa de Lantanique y dejando eviuda a la pobre Skaycita.




Pero ciertos detalles ocultaban algún secreto


Además de esconder una túnica oscura entre sus enseres, Luna tenía todo un kit de utensilios para el afeitado y por las noches se rasuraba de arriba abajo. Por supuesto, eso tampoco es tan alarmante en una mujer ya que, a medida que pasaban los días, hasta Lantanique tuvo que pedirle alguna cuchilla para apurarse las piernas, que ya empezaban a lijar.




Tumbadas una noche en el camastro que compartían, Luna le confesó al oído que copular con aquel exótico morenazo sólo era un sacrificio sexual que cumplía con gusto para, de esa forma,  saciar el deseo que por ella sintió en otras evidas, cuando su ecuerpo adoptaba la forma de un ser misterioso y oscuro, gracias al cual había conseguido enamorar a Skaycita y ecasarse con ella, pero con el que siempre esperó poder  seducirla a ella. 


Y, casualidades de la evida, ahora coincidían allí compartiendo momentos tan íntimos que  Luna no los podía desaprovechar, y  recuperar así el tiempo perdido proporcionando a Lantanique todos aquellos placeres que en la sombra siempre deseó cumplir; empezando por jugar con sus pies (esos pies con las uñas pintadas de color morado que tanto le gustaba), para luego ascender con su boca por entre las piernas, y besar suavemente los labios de su pubis, acariciándolos suavemente con la punta de su lengua, mientras sus manos la aferraban con firmeza de las nalgas para después ir ascendiendo por su vientre hasta conseguir mordisquear las cerezas de sus pechos…


"A las féminas les gusta degustar el momento, alargar lo intenso, incentivar la furia y la tormenta cuando el inevitable acto final exige sin contemplaciones la total entrega, buscan estrechar las almas mediante la fusión de los cuerpos, son como un volcán hawaiano...no violento pero nunca apagado, derramando eternamente la humedad de la lava candente, mezcla de un romanticismo libidonoso y deseos salvajes... malditas viciosas!!!   - palabras de sombra/Luna cuando llegaba al orgasmo -.


Este comportamiento hizo que hasta el ebrasileño comenzara a sospechar … 


Todo lo que allí pasó durante esos días y esas noches fue fruto de una situación hostil que despertó una serie de sentimientos entre dos eciudadanas que se encontraban desamparadas y en apuros pero que, finalmente,  comprendieron que no podían abandonarse a ese “dolce far niente” y que tenían que escapar de allí a la más mínima ocasión. Así que, llegado el momento, salieron por patas, camufladas como sombras en la noche, para volver a eEspaña, olvidando todo lo sucedido.




A Luna la vino a recoger su inseparable amiga de A  Lantanique nadie la fue a esperar. Si en ese mismo instante se hubiera afiliado a ese partido habría obtenido empleo, comida y alojamiento de inmediato, mejorando así su nivel de vitalidad, pero no siendo del partido lo único que le prometieron fue ayudarla a encontrar su pecera.


Así que ahora vaga sola por las calles de eAsturias, cambiando de empleo, sin noticias de Vok , sin pecera y revisando compulsivamente su localizador, debajo de un puente.




Al otro lado del puente y sentado en un bar, Vok está tomando un café. 
Por el localizador se entera de que Lanta ha vuelto a eEspaña.




Se imagina que la ha ido a recoger. Nota cómo ella se cuelga de su cuello y de puntillas le da un tímido beso mientras él la abraza fuerte, igual que lo hizo aquellos días en el ehotel. La ve sentada a su lado en aquel bar, sujetando entre sus manos el café caliente y con un resto de espumita en su labio superior. Evoca la sensación del roce de su dedo borrándole ese bigotito que la hace tan graciosa y se imagina diciéndole algo así como que sin ella los cafés le han sabido muy amargos todos esos días.


Pero esto no está ocurriendo. Las diferentes batallas que se han ido desplegando contra efranceses y ebrasileños para asegurar las zonas atacadas lo obligan a mantenerse oculto. Le gustaría decirle que su pecera está a salvo … con algunas bajas, eso sí, pero que no la ha perdido…Así que aprovecha para contactar con un econocido dándole instrucciones para que se la entregue junto con este mensaje:






Ojos que no Ven, con Razón que no Sienten


Las noches a tu lado son más cálidas. Abrazado a tu cintura, dejo que mi cabeza repose en tu hombro, que mi respiración te sirva de arrullo mientras mi nariz se impregna del perfume de tu cabello. 
Pero no duermo tranquilo, y a ratos me despierto como hoy, de madrugada, con la sensación de que ya no estás conmigo. Y, como hoy, con un codo sobre la almohada y mi mano aguantando mi cabeza, te observo, durmiendo de lado, dándome la espalda. Oigo el suave murmullo de tu respiración, a veces entrecortada, y por unas décimas de segundo me inquieto por si has dejado de evivir.
La luz tenue que se abre paso por la ventana perfila tu silueta e ilumina el trocito de espalda que se vislumbra entre las sábanas. Me incita a tocarte y humedezco uno de mis dedos con mi lengua para deslizarlo por tu cuerpo, escribiendo las letras que componen mi nombre. Lentamente dibujo una V y tú, ajena a esos movimientos en tu piel, sigues dormida. Pienso que contigo esta habitación es mucho mejor que el mismísimo eCielo…  "
Pero esto  es un juego, Lantanique”. 
Y te lo digo mentalmente porque soy incapaz de decirlo con palabras.




Halesios sonríe satisfecho al leer en la mente de este eciudadano la determinación de irse. Los cambios que ha introducido en el eMundo, no por maldad sino por interés, han hecho su efecto. Las rebeliones de brasileños y franceses contra eEspaña no dejan impasibles a personajes como éste que, en su afán por defender su epaís, no dudará en atender las peticiones de las nuestras Fuerzas Armadas o de cualquier milicia.


Mientras siente esas caricias húmedas en su piel, Lantanique cierra los ojos para evitar que se le escape una lágrima. Últimamente entra de incógnito en los irc y lee los artículos que aparecen en su perfil y sabe que ya no es tiempo de cerezas. Se les agotó el tiempo en esa habitación. Suavemente se da la vuelta, como si aún estuviera dormida, y posando su pierna sobre la cadera de él se deja estrechar en un abrazo que Halesios les concede, por ser el último.




Las palabras que él le susurra al oído, se pierden entre besos y caricias “… lo siento muchísimo…sabes que me encanta estar contigo…serán pocos días…”




Fuera, en calle, Lantanique no se da cuenta de los cambios que se han producido hasta que un aviso en su localizador le informa que Lisboa ha sido conquistada por Brasil en la guerra contra España


Entonces descubre que no tiene acceso a su dinero. En su inventario no hay comida. No hay nada. No hay ni un billete para viajar; y aunque los tuviera tampoco podría irse porque en ese maldito eMundo no se puede salir del ePaís mientras estés empleado en una empresa. Justamente su ejefe actual  no le hace ni caso así que, si no la despide pronto no le quedará más remedio que pulular por allí intentando pasar desapercibida.


Qué passou? Preciso ajuda!!! Ónde é el meu dinheiro?

He mandado un grito para ver si Vok me localiza, pero parece que él ya no siente nada.
Por las calles lisboetas la gente anda como louca




Los brasileños festejan su victoria y algunos me miran mal.




Entre la multitud a lo lejos veo una cara conocida, la llamo a voces pero parece no darse cuenta de mi presencia.
Y justo cuando llego a su altura dos tipos nos echan mano y nos meten juntas en un vehículo para llevarnos retenidas. “Jodidas espanholas, agora ides saber o que é bom”
Trato de disimular mi procedencia poniendo en práctica mi “Curso Básico de Portugués online”, pero los dos tipos me hacen saber que, para convencerlos, he de pasar la prueba del pandero brasileño




Por salvar el pellejo lo intento, pero no logro convencerlos porque mi anatomía no tiene las dimensiones mínimas reglamentarias para superar la prueba con éxito. Personalmente agradezco no tener esas dimensiones… De todas formas intuyo que mis movimientos no han pasado desapercibidos y las miradas libidinosas de esos dos tipos, y de Luna también, me dejan un tanto preocupada.




Encerrada en un cuartuco oscuro con Luna a mi lado, espero que alguien nos mande unos billetes para trasladarnos lejos de aquí. No me puedo dormir porque esta chica ronca como un cosaco. Y no sé si es por el cansancio de todos los acontecimientos del día o qué pero, mirándola de cerca, me percato que se parece un poco a un eciudadano que ya pasó a mejor vida, según va contando su eViuda.





Operación Albornoz (fin)


Metido en la cama, el ocupante de la habitación 133 no puede conciliar el sueño. Se incorpora un poco y mira la pantallita del reloj digital que, bajo la presión de su dedo, marca casi la una de la madrugada. Teme dormirse para el desayuno y comprueba que ha conectado la alarma. Piensa que nunca antes se había preocupado así por estar con una tía. Nunca antes se había currado tanto una cita.


Enciende un pitillo y se dice a sí mismo que, al fin y al cabo, es sólo un polvo más y se sonríe pensando que ahora nada más faltaría que se durmiera o, peor aún, que lo llamaran para alguna misión de esas que prepara el Ministerio de Defensa. Además, si es Lana quien llama a filas, nadie puede faltar.

-Es casi la una de la mañana. Falta mucho para que se haga de día. ¿Y si me duermo y no oigo cuando llame a mi puerta? – Todo eso se dice Lantanique metiéndose en su cama. Pero la desazón no la deja conciliar el sueño y acaba por levantarse.  Da vueltas por la habitación, esperando una llamada sorpresa “… me muero por estar contigo al natural, saber quien eres tú, saber por dónde vas….”
Va en busca del albornoz, que hace frío para estar en ropa interior.


El tipo de la 133 se ha acomodado en un sillón frente a la tele para ver algo  entretenido o adormecedor. Tras ir saltando de cadenas,  la pantalla de plasma le muestra imágenes de un culebrón nipón con una escena erótica en un ascensor que le parece más sugerente que no las imágenes insinuantes de cuerpos voluptuosos, pensadas al parecer para sordomudos porque no dicen ni mu.




Casi a la una de la mañana llega el exjefe de Lantanique a su casa.  El suelo del asfalto estaba húmedo pero aún así ha pisado a fondo el acelerador,  fijos los ojos en un punto lejano…  en la mirada perdida de Lantanique.




A Lantanique le recorre un escalofrío y se ata el albornoz

Acurrucada en el sofá se dedica a revisar el buzón de entrada de su móvil. Hay varios mp’s que le avisan de los últimos recortes en su sueldo. Definitivamente tendrá que pasar por el despacho de su jefe para que le aclare esta situación. Tanta reducción le parece injusta.


Pero más injusta le ha parecido a su jefe actual la actitud indiferente que ella ha tenido, sin ni siquiera mirarlo. Tirado en su cama, todavía un tanto mareado, ha decidido vengarse. Sabe bien cómo conseguir que ella vuelva a colocarle en su centro de atención. Y mientras elucubra en su cabeza cómo hacerla volver a él nota que su corazón ha quedado un poco arrugado. Seguro que  Lantanique se lo podría planchar, si ella quisiese, como durante aquellos días



-¿Estás? 


El zumbido del localizador le ha dado un sobresalto, ensimismado como estaba deleitando la mirada y  los sentidos en aquellos  culitos respingones


-Claro que estoy y despierto pero aún no he ido a buscar el desayuno –le responde él.


Parece que Lantanique tarda en volver a contestar. - ¿Estás? – es ahora él quien pregunta,  impaciente por una respuesta.


-Sí estoy. Estoy a punto de ir a tu habitación ¿me abrirás  o querrás dejarlo para más tarde?


Leer eso y darle un vuelco el corazón son todo uno. Hostia...  Corre al baño… se mira al espejo… se enjuaga la boca… se cambia de slips… se echa desodorante y luego colonia… se mira de nuevo… y se encuentra penoso haciendo todas esas tonterías. Se pone el albornoz;  es cuestión de ir vestido pero tampoco de ir mostrando paquete así, de entrada.




Abrir la puerta y verla en el umbral con albornoz y zapatos de tacón le hace soltar una carcajada que ahoga al instante al ver que él va en zapatillas y con los calcetines puestos. No es un recibimiento muy sexy pero… es que soy friolero – se justifica.


Ella sonríe y entra en la habitación. –Son más de las dos de la madrugada…¿te parece muy temprano para desayunar?


Nuestro tipo se queda vacilante buscando algo original como respuesta. –Sólo tengo los bombones, la caja está aún sin abrir, esperándote.


Con la caja entre sus manos, Lantanique se sienta en la cama, apoyando la espalda en la almohada y las piernas cruzadas, de tal forma que deja entrever por la abertura del albornoz su ropa interior de transparencias moradas.  Mirándola, mientras ella saborea uno de esos bombones, se arrodilla frente a ella, le coge  la mano y le chupa uno de los dedos para retirar restos de chocolate que le han quedado pegados. Lantanique escoge otro de los bombones de la caja. Éste viene envuelto en un papel de celofán y ella lo deslía con sus dientes para luego metérselo a él en la boca. Él, sin dejar de mirarla, lo muerde y nota como estalla entre sus dientes el líquido del relleno del bombón, inundando toda su boca.  Es una sensación tan inesperada que no puede evitar sonreír dejando que una parte de ese líquido se le escape por la comisura de los labios.


Ella aproxima su cuerpo al mío, apartando la caja de bombones que caen desparramados por el suelo y noto su aliento dulce junto a mi boca mientras sus manos se abren paso por dentro de mi albornoz.  Las manos ascienden hasta mis hombros para quitármelo y sus labios recogen gotitas pegajosas del licor que ha quedado en los míos con pequeños besos a los que yo respondo con la misma avidez con la que ella los deposita.


Cierro lo ojos para concentrar mis sentidos en este cálido momento. Mi sexo empieza a recibir los estímulos que provocan la lengua y las manos de Lantanique. Mis dedos también responden a esos estímulos y se introducen por entre su ropa, deseosos de tocar más allá de unos encajes. Con prisa la despojan de todo lo que estorba para poderse introducir entre los resquicios de su cuerpo.  


La echo hacia atrás y ella se deja caer sobre la almohada. Mis manos entonces se pelean con mi lengua para recorrer su cuerpo. Mi boca gana ventaja y desciende por su cuello para detenerse en uno sus pezones, donde mi lengua se dedica a dibujar círculos y mis dientes se atreven a morderlo suavemente, mientras ella acaricia mi cabello y emite un leve gemido de placer.  Al mismo tiempo, con una de mis manos acaricio la pierna que rodea mi cintura, apretando su nalga. La aúpo y la coloco sobre mi hombro, para descender hacia su sexo que, húmedo, está esperando el contacto cálido de mi lengua. Su sabor salado se mezcla con el dulzor lejano del bombón y no puedo parar de lamerlo, besarlo y gemir al mismo tiempo. Unos minutos después me hace colocarme a su altura y así notar el roce de mi miembro que está a punto de reventar. De golpe se gira sobre mí y, mientras la beso cogiéndole la cara para que no se me escape, me cubre con su cuerpo que serpentea encima del  mío moviéndose a un ritmo que yo ya no controlo. 


No me deja que la acaricie. Me sujeta los  brazos. Alzo mi cabeza para besarla pero es ella la que decide cuándo y cómo, no yo.  A ratos aminora los movimientos, sin dejar todavía que la penetre. Eso me vuelve loco, de tal forma que no puedo seguir así y me coloco yo encima. Sus piernas se abrazan a mis caderas y mientras le susurro al oído que no deje de moverse, con mi lengua le beso el cuello y la zona del lóbulo. Me voy encajando y entrando muy suavemente. Noto su respiración en mi oído y sus manos presionando en mis nalgas, aumentando la presión de sus dedos a medida que aumenta la presión de mi empuje. Nuestros movimientos cambian rítmicamente, más lentos o más rápidos según nos conviene, hasta llegar a un punto en que se pierde el control y sólo notamos un temblor simultáneo. Sus dientes muerden mi hombro pero no siento dolor, sólo siento un agradable desfallecimiento y la beso contento, apartando sus mechones de cabello húmedos de su cara para mirarla una vez más.


Al otro lado de la eciudad, en un cuarto de enfermeros del hospital, nuestro eceloso empieza su guardia nocturna. El devaneo en el ascensor le ha despertado sus instintos y no puede evitar darse a la lujuria de un contacto netsex con resultados prometedores.








Operación Albornoz (5)


“ He llamado a tu habitación y parece que no estás. Estoy empapado, cansado y con principios de catarro. He vuelto a la 133 para meterme en la bañera y descansar. Mañana vendré a tu habitación con el desayuno.Espérame in your room."


Esto es lo que lee Lantanique en la nota que le entregan justo cuando su exjefe parecía querer iniciar una conversación algo más íntima. Él ya había acercado su mano a la de ella, tocando ligeramente sus dedos  y cuando las palabras empezaban a salir de su boca, aquella nota inoportuna se interponía entre ellos, rompiendo la calidez de ese momento.


Lantanique se ha quedado unos segundos callada y pensativa  y el exjefe detecta por su mirada que es como si ya no estuviera allí.  




No quiere ponerla en el compromiso de buscar una mentira piadosa para excusarse con él así que le facilita las cosas y, cogiéndole de nuevo la mano,  le pregunta si hay posibilidad de que se vean otro día porque, aunque querría quedarse más tiempo con ella, tiene que marchar. Los ojos de Lantanique parecen que recobran la vida y con una sonrisa amable le responde lo que él quiere oír, dejándole esa chispa de esperanza que conservará para una próxima  ocasión.  
Y saliendo por el bar se van camino de la recepción y el ascensor.  


Totalmente embriagado, el jefe actual de Lantanique la ve cómo se aleja acompañada del exjefe, que le posa la mano en un hombro apartándole el pelo. Le parece reconocer a ese tipo, aunque no sabe bien de qué. Su cabeza le da vueltas y su boca se abre en cámara lenta para farfullar que el precio del grano está bajando en el eMundo, que no le va a quedar más remedio que reducirle el sueldo, que es una de sus mejores trabajadores pero que una empleada “guru” sólo puede acabar haciendo gurullos… y alzando la voz pregunta si ella sabría cocinar gurullos con conejo… el resto de palabras se hicieron incomprensibles mientras de fondo se oía una romántica melodía de despedida


Al exjefe le resulta difícil separarse de ella mientras esperan el ascensor.

Le habría gustado impedir que las puertas se cerraran y colarse dentro con ella.
En un micromomento se imagina una posible escena




Y en ese fragmento de tiempo un tipo se cuela dentro dejándole ver únicamente parte del rostro y una mano de Lantanique diciéndole adiós.


El eceloso ha sido rápido. Apoyando su espalda en el cuadro de botones la mira y llamándola por su nombre le pregunta si no se acuerda de él. Lantanique se da cuenta de que a su lado está aquel enfermero del hospital. Está sorprendida de verlo allí y espera a ver si se decide a pulsar alguno de los botones para que el ascensor empiece a subir. El ascensor inicia el trayecto pero de golpe se detiene.




Los libros de autoayuda son pésimos pero al eceloso enfermero siempre le han servido para entretenerse en la taza del wáter y ésta es una de esas situaciones en las que viene bien recordar algunos de aquellos consejos que pensó que nunca pondría en práctica:  
“… acerca tu cuerpo y cara a ella, y sin tocarla lo más mínimo, dirige tu boca por el cuello y parte trasera de la oreja. Tu mano surca y acaricia lentamente la de ella y asciende por todo su brazo, hombros, escote, barbilla y cara. Es cuando tu chica echa el cuello hacia atrás de placer y luego hacia delante para buscar tu boca. Justo ahí, presiona con la mano izquierda el Stop del ascensor, cógele la nuca con la derecha y llévatela hacia ti para comerle la boca efusivamente a la par que le subes el vestido, para finalmente apretarle las nalgas … Acaricia su pecho por encima del sujetador con copa. (¿qué tipo de sujetador llevará hoy Lantanique? -se pregunta el eceloso) Céntrate en la aureola, en la zona más pronunciada, moviendo tus dedos en círculo sobre éstos mientras la besas y tocas con tus labios. Tírale del pelo para atrás y devora su cuello diciéndole lo guapa que es… Cuando notes que está preparada, introduce tu mano entre sus muslos y sube hacia sus genitales, dejando en el exterior los dedos índice y meñique, y apretando con la zona inferior de la palma de la mano su pubis... Haz movimientos rítmicos y bruscos, ella lo agradecerá e, incluso, te instará a que la penetres…”




Se siente excitado sólo de pensar en todos los pasos que va a dar siguiendo esas instrucciones. Lantanique lo mira alarmada y lo trata de calmar desabrochándole la camisa pues piensa que esa sudoración se la provoca un ataque de ansiedad o claustrofobia. Apoyándolo en una de las paredes del ascensor, le insta a que se siente en el suelo y aguardar allí hasta que alguien los socorra. Él entonces aprovecha para apretarla contra sí…


La camarera de planta de cabello rosado estaba esperando el ascensor cuando ha sonado una alarma. Lleva algunos albornoces para disimular que trabaja, así que espera tranquila hasta que solucionen el problema. Cuando se abren las puertas encuentra a una Lantanique con la ropa desaliñada forcejeando con un tipo que, tumbado en el suelo, la agarra por las nalgas…
La ayuda a liberarse y le ofrece un albornoz con el que la envuelve para que pueda irse por las escaleras, discretamente.


La camarera se acerca al tipo, no necesita preguntarle nada porque  el grado de excitación en la zona de su bragueta es evidente.  Sin pensarlo demasiado presiona el botón para subir al último piso y monta encima de él.  No quiere caer en perversiones de ese tipo pero… al fin y al cabo, lleva tiempo sin “sombrax” que la cobije.




Camino de su habitación, Lantanique se detiene un instante en la 133, recorre con el dedo esos números. Ya sabe quién es el que la espera y apoya su oreja en la puerta por si se escucha algún ruido. Hace amago de llamar porque se oye música pero al ver la pinta desaliñada que lleva prefiere dirigir sus pasos hasta su habitación y ser ella quien lo espere, como dice la nota, para desayunar.











Operación Albornoz (4)



Estos días hemos estado pendientes del encuentro entre Lantanique y el tipo que la espera en una habitación del ehotel Bombay. Otros eciudanos también se han reunido allí  para evitar este encuentro y confundirla. Y allí la tenemos caminando decidida hacia el reservado del restaurante, pensando que finalmente cenará con él.
Al verla llegar, el tipo del reservado suelta el cuchillo con el que estaba martilleando la mesa. Se levanta, va hacia ella y mirándola a los ojos se agacha un poco para besar sus mejillas.


Lantanique no tiene palabras para expresar su asombro. No esperaba que su exjefe  fuera el tipo de la 133 y una mezcla de alegría y desazón le presiona el estómago.  Alegría por verlo después de tanto tiempo, desazón porque recuerda que él siempre se quedó esperándola  … “enviándole orquídeas acompañadas de la misma nota: Espero que se recupere pronto y tengamos ocasión de vernos y hablar. La echo de menos.


En otra de las mesas del restaurante está sentado el jefe actual de Lantanique.  Ella no se ha dado cuenta, a pesar de que casi la ha rozado con la mano,  y ha pasado de largo por su lado. Una agradable fragancia queda, por unos minutos,  flotando en el aire;  una mezcla de cítricos como la mandarina, acompañada de toques florales y afrutados como de jazmín, melocotón y ciruela con notas orientales de ámbar y vainilla.
Para disimular y corregir ese movimiento de  su mano ha cogido la copa de vino, bebiéndosela entera y tragándose su decepción.  
Sus recuerdos le evocan momentos que pasaron juntos. Momentos relativamente recientes, subidos en una moto, sufriendo una insolación pero con ella a su lado. Es el recuerdo de esos momentos que le hacen volver a por más… 


Y mientras Lantanique comparte una agradable velada saboreando la cena que su exjefe ha elegido y creyendo que él es el tipo que la citó en una habitación de ese ehotel; el verdadero ocupante de esa habitación empieza a desistir de su empeño de seguir esperándola y se marcha.  Si ella no ha contestado a ninguno de sus mensajes es signo de que no quiere verlo pero entonces ¿cómo es que se ha venido a alojar justamente en ese mismo ehotel?


Se siente aturdido. Pequeños escalofríos se mezclan con voces interiores que le aconsejan que se olvide y se vaya.  Sin duda Halesios intenta alejarlo de allí. 


Dentro ya de su habitación se tumba en la cama. 




Se gira hacia la mesita,  ve la caja de bombones y piensa que no ha comido nada desde hace horas. Descuelga el auricular para pedir algo caliente y descubre una lucecita que parpadea. Pulsa el botón y escucha la voz de Lantanique… un mensaje de hace ya más de dos horas.


La voz del tipo de recepción le saca de su ensimismamiento y como si la propia Haruhi le estuviera dictando le pide que entregue en mano una nota a Lantanique con el siguiente mensaje: 


“ He llamado a tu habitación y parece que no estás. Estoy empapado, cansado y con principios de catarro. He vuelto a la 133 para meterme en la bañera y descansar. Mañana vendré a tu habitación con el desayuno. Espérame in your room


Lantanique y su exjefe están ya casi acabando el postre. Los profiteroles de chocolate y nata se acompañan muy bien con una copa de cava y así lo ha sugerido ella cuando el camarero ha preguntado qué postre les apetecía.


El tiempo va pasando y ella se pregunta si realmente su exjefe es el tipo de la cita. Lo escucha y espera a ver si dice algo al respecto, sin embargo él sólo le habla de sus negocios actuales, incluso le ofrece un puesto en una de sus empresas, pero sólo lo ha dejado caer como una sugerencia, por ver su reacción. No se atreve, de momento, a pedirle que se vaya con él a su casa.


Después de pensárselo un rato, el eceloso ha bajado a tomar una copa en el bar. Apoyado contra la barra mantiene fija la mirada en la puerta del restaurante pero también observa al tipo que, apoyado en la misma barra, baila frente a su cubata. “No lo hace mal –piensa el  eceloso - si no fuera porque está tan pedo que se contonea frente al vaso pensando que está seduciendo a alguien”. Y es que el actual jefe de Lantanique ha bebido demasiado y ahora se la imagina bailando con él en aquella pista central. 


El recepcionista cruza el bar y entra en la sala del restaurante, el Gerente le ha dado una nota para Lantanique y la busca con la mirada.